domingo, 28 de enero de 2018

UN NUEVO MANDAMIENTO

“Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34)
Es nuevo porque propone una nueva norma, el amor de Jesús.
En la última cena, momentos antes de la traición, del abandono, del juicio, de la cruz.
Jesús les dio un ejemplo de humildad, lavando los pies de sus discípulos (aún del que lo iba a entregar)
Una vez que Judas se marchó, estableció el mandamiento postrero: EL AMOR.
Esa sería la señal de los cristianos, el sello distintivo… No se distinguirían ni por el poder, ni por el dinero, ni por los ideales, ni por la inteligencia…
No habría otra muestra verdadera, ni los intereses, ni las raíces culturales, ni los problemas comunes, ni las convicciones políticas… sino… ¡EL AMOR!
Al final de aquella cena, Jesús trazó no sólo el camino, sino el modo en que habrían de caminar. Antes que portadores de “un discurso”, antes que defensores de una moral, ellos (y nosotros) deberíamos distinguirnos por el amor.
Amarnos unos a otros como Él lo hace… No hay otra señal más importante que esa
“Si se aman de verdad, entonces todos sabrán que ustedes son mis seguidores” dijo Jesús…
El amor no es solamente un sentimiento o una preferencia, es lo que uno hace y cómo uno se relaciona con otros. Es una decisión, un compromiso, una manera de comportarse.
Disputas, discusiones, cismas, grietas, desunión, difamación, están actualmente de moda en esta sociedad que no tiene en cuenta a Jesús y a sus enseñanzas.
Su amor hacia nosotros es un amor  sacrificial, incondicional, constante y espontáneo, que vela por nuestros intereses.
Este es el modelo de amor que debemos seguir. El amor es un fruto del Espíritu Santo que es el que nos capacita a amar, cuando seguimos su guía, es quien dulcifica nuestro carácter, nuestras palabras y nuestras acciones…
¡Démosle lugar en nuestra vida!.. ¡Dejémonos transformar por Su amor!












martes, 2 de enero de 2018

¡LIBRE!

Pedro consultó a Jesús acerca de cúantas veces debía perdonar a quien peque contra él? Jesús le contestó... setenta veces siete... (Mt 18:21-22)
¿Qué quiso decir? se refería al perdón continuo y constante, a la actitud perdonadora de nuestro corazón... Si perdonamos instantáneamente, constantemente, llegará un momento que tendremos un entrenamiento tan grande en esto de soltar todo ese dolor que nos hace prisioneros del dolor, que lo harás como algo natural en la vida, sin "guardar" dentro tuyo toda esa "basura" que los injustos quieren depositar en vos... 
Oremos juntos......
En este día... (fecha) voluntariamente decido perdonar a... (nombres) por... (especificar) la/lo dejo libre y me declaro LIBRE porque no quiero que crezca en mí ninguna raíz de amargura que me obstaculice al acceso al Reino de Dios y a su maravilloso poder.
el Señor me ha perdonado y limpiado mi conciencia de obras muertas. Ya no hay culpas, estas están muertas, enterradas y olvidadas. Quiero andar en luz, en la senda del perdón. La sangre de Cristo nos limpia continuamente de todo pecado (1º Jn 1:7)  Quiero liberarme de todo resentimiento para experimentar el poder del Reino fluyendo a través de mi vida. Hoy decido expulsar, en el Nombre de Jesús, todo resentimiento hacia Dios, hacia mí mismo/a y/o hacia otros, no permitiendo que la semilla de la ofensa anide en mi corazón. Espíritu Santo, revélame a cada una de las personas y situaciones que debo perdonar y ayúdame a orar por ellas.
¡Señor, deseo que tu poder me alcance y llene mi vida! Hoy edifico mi vida en profunda comunión e intimidad contigo, afirmada en el fundamento del perdón que me has concedido. Sé que debo estar dispuesta a perdonar como Tú lo has hecho conmigo y hoy decido hacerlo. Sé que estás conmigo en este proceso y lo agradezco. Amén, Amén y Amén.
Leamos: La Parábola del perdón en Mateo 18:21-35

jueves, 28 de diciembre de 2017

ANDAR POR FE

“Porque por fe andamos, no por vista” (2º Cor. 5:7)
Cuando me enfrento con las duras realidades de la vida, tengo que tomar una decisión…
¿Camino por fe? ¿Creo en Dios?
¿Confío en Sus promesas o me guío por mi propio razonamiento?
Vivimos tiempos difíciles, esto no es ninguna novedad, es más, suena a algo repetido, muy reiterativo, pero no por ello menos cierto.
Si miramos a nuestro alrededor, podemos “naufragar”
No hay seguridades, ni en la economía, ni en las finanzas, ni en los trabajos, ni en las relaciones…Cabe que me pregunte a mí mismo/a:
¿Dónde fijo la mirada? ¿En el problema, en la dificultad, o en la grandeza de mi Dios que me sacará esta vez a flote como ya lo ha hecho otras veces?
La fe tiene que ser probada para saber si es auténtica o simplemente se trata de algo emocional.
Esto sólo puede conocerse a través de la prueba.
¿Soy de los que, cuando la dificultad aparece en la puerta, mi fe se escapa por la ventana?
¿Escucho la voz de Dios que me habla a través de Su Palabra o le doy lugar a los susurros del diablo que intenta pulverizar mi fe y mi esperanza?
Muchas veces, ante los razonamientos humanos, nuestra fe es aplastada.
Nos dejamos llevar por lo que perciben nuestros sentidos, razonamos y sacamos conclusiones lógicas.
Entonces…nos apartamos de Dios, de Su Palabra, de Sus promesas, comenzamos a caminar “por vista” y nuestra fe se esfuma.
Pero Dios es sobrenatural y sus obras no pueden ser reducidas a una simple lógica humana. Él es hacedor de imposibles, que nada tienen que ver con la lógica.
La fe verdadera nada tiene que ver con el estado de ánimo, ni con las circunstancias externas.
La fe es un fruto del Espíritu Santo… ¡Deja que tu mente sea tocada y renovada! ¡Permite que trabaje en tu interior en libertad!
¡Pon tus ojos en Cristo el autor y consumador de la fe y avanza confiado/a!
¡No importa lo que pase! ¡No desvíes tu mirada! Avanza como si vieras lo invisible.

Gracias, Señor porque sé que trabajas en mí perfeccionándome y es por eso que estoy pasando por esta prueba tan dura. Me aferro a tus promesas y sé que saldré fortalecida/o y algún día podré ver tu rostro. En el Nombre de Jesús. Amén, Amén y Amén.


martes, 28 de noviembre de 2017

Ver más allá para vencer...

Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?
mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.
No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda 
                                                                    (Salmos 121:1-3)

viernes, 27 de octubre de 2017

SOS INSTRUMENTO ESCOGIDO

“Dios escogió a lo despreciado por el mundo y lo usó para convertir en NADA lo que el mundo considera importante” (1º Cor. 1:28)
Si te sientes despreciado/a y poco valorado/a por el mundo…
¡¡¡Felicitaciones!!! Calificas perfecto para Dios.
¿Qué tienes en tus manos?
Dios usará precisamente eso para hacer PROEZAS, porque lo que tienes en tus manos con la autoridad de Dios se convierte en un instrumento muy importante.
Él tiene un propósito para ti y ha puesto las herramientas que necesitas en tus manos.
Sólo debes poner tu vida y tus talentos en Sus manos y CREER que Él va contigo.
Eres muy valioso, eres muy valiosa, eres la niña de Sus ojos.
Dios te conoce por tu nombre que está escrito en el libro de la vida y te tiene esculpida en la palma de su mano.
Puedes ser un canal de la misericordia y la consolación de Dios porque tales bendiciones te llegan de la fuente inagotable de tu Padre celestial.
Has sido llamada/o por Dios, eres un instrumento escogido para llevar las buenas nuevas, para decirles a otros que Jesús tiene todas las respuestas a sus problemas.
Si contestas afirmativamente a su llamado, si aceptas a Jesús como tu Señor y Salvador, si le abres tu corazón, el Espíritu Santo morará en ti y te dará dones, llaves para poder abrir puertas a todo lo bueno y cerrarlas a todo lo malo.
Los dones te darán las herramientas que necesitas para avanzar por el camino.
¡Es tiempo de actuar!
¡Es tiempo de avanzar!
¡No te detengas! ¡El día es hoy!
Para este tiempo has nacido, Dios te necesita así como eres, no sigas postergando.

¡Dios mío!, heme aquí, te reconozco como mi único Señor y Salvador. Agradezco tu amor, me arrepiento por todos los errores cometidos hasta hoy. Sé que debo mejorar pero no me preocupo porque el Espíritu Santo me ayudará en esta tarea. Agradezco infinitamente tu llamado, quiero amarte cada vez más y serte fiel. En el Nombre de Jesús. Amén, Amén y Amén