miércoles, 15 de julio de 2015

ABRIR EL CORAZÓN


 
¡Abre hoy tu corazón a Jesús!
“No me eligieron a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto y vuestro fruto permanezca…” (Jn 15:16)

Abrir el corazón a Dios es un regalo que por su infinita gracia y misericordia, Él mismo nos hace…si bien nosotros podemos aceptarlo o rechazarlo… Si no nos abrimos a su amor Él no podrá transformar nuestra vida.
Pero la realidad es que no podemos abrir el corazón a un amor infinito  si Dios no nos atrae a Su divina Presencia.
La iniciativa siempre es de Él. Estamos demasiados acostumbrados a pensar que tenemos que hacerlo todo, que debemos ganarnos el amor de los demás y que debemos merecer ese amor.
Desde muy pequeños sentimos que tenemos que tenemos que hacer “cosas” para que nos presten atención y nos brinden afecto.
Es por eso que (en el fondo de nuestro ser) sentimos que para lograr el amor y la atención de Dios debemos hacerlo con nuestros esfuerzos, capacidades, logros y buenas acciones.
Pero el amor incondicional de Dios es totalmente distinto al condicionado amor humano.
Es completamente gratis, por gracia, sin precio de nuestra parte, sin ningún tipo de merecimiento.
Pero a Jesús le costó un precio muy alto, el precio de su sangre derramada en la cruz del calvario.
Ese amor infinito es el más bello, el más grande, un amor que no se tiene que pagar, que no se tiene que merecer, que no se tiene que conquistar…
Sólo hay que abrir el corazón, recibir en Él a Jesucristo, arrepentirse por los pecados cometidos, aceptar su perdón y disfrutar de la vida abundante que nos regala aquí en la tierra y la vida eterna .en el cielo.

Amado Padre, gracias por Jesús, que tu divino regalo de amor hacia mí. Hoy decido abrir mi corazón para que more en Él para siempre a través de la persona del Espíritu Santo.
No soy merecedora, pero acepto con gusto este presente que durará hasta la eternidad. Amén, Amén y Amén.




lunes, 29 de junio de 2015

¡MUY FELIZ!

“Bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” 
(Mt 5:3)
¿Qué quiere decir bienaventurado? Quiere decir ser muy pero muy feliz.
Las bienaventuranzas son el espíritu del evangelio porque cada una de ellas es un rasgo del carácter de Cristo.
Este carácter se va tallando en cada uno de nosotros a través de la obra del Espíritu Santo que nos aporta EL FRUTO.
Hay una secuencia especial en el orden de las bienaventuranzas, nada está escrito al azar en la Palabra de Dios y ésta, la primera es la clave para todas las demás.
¿Por qué?
Simplemente porque si no somos pobres en espíritu, no podemos pertenecer al reino de los cielos.
¿Qué es ser pobre en espíritu?
1º Temer a Dios.
2º Menguar nuestro yo para que Cristo crezca en nosotros.
3º Vivir en la voluntad de Dios.
Ser pobres en espíritu es reconocer que somos limitados y finitos, frente a lo ilimitado e infinito de Dios.
No es ser carentes e ignorantes, sino personas que entendieron la pobreza y la escasez de sus conocimientos frente a la perfección del Creador.
No se fían de sus capacidades para comprender la verdad, por lo tanto le creen a Dios y buscan hacer Su voluntad sin discutir con él ni cuestionarle porque han comprendido que la voluntad de Dios es BUENA, PERFECTA Y AGRADABLE.
Sólo podremos gozar de una genuina felicidad si abrazamos las bienaventuranzas y fijamos nuestra mirada en Jesús, ya que la felicidad es obra del Espíritu Santo que nos va transformando.
La sociedad conduce a los hombres a aferrarse a lo que está de moda, a lo que se usa, a este mundo “del revés” en el que vivimos.
En cambio, las bienaventuranzas enfocan nuestra vida interior, “desapegan” a los hombres de los valores de la sociedad y lo “pegan” a Dios, al reino de los cielos.

Amado y bendito Padre: vos decís en Tu Palabra que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y yo quiero entrar en el reino y disfrutar la vida abundante aquí, en la Tierra y la vida eterna allá, en el cielo junto a vos, es por eso que te expreso mi compromiso de ser como un niño en la malicia, pero maduro en mis decisiones y en mi forma de pensar. Te doy gracias, porque sé que me escuchas SIEMPRE. Amén, Amén y Amén.






miércoles, 17 de junio de 2015

¡CUIDADO!

¿A qué te estás aferrando?
Sólo Jesús es nuestro verdadero sostén

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1º Cor. 10:12)

Cuenta la historia, que en un pequeño pueblito del noroeste argentino, una calurosa mañana de enero, la calma fue interrumpida por la estridente sirena del cuartel de bomberos.
Mario, comerciante y bombero voluntario, corrió al cuartel, se vistió con las ropas adecuadas y junto a otros compañeros subió a la autobomba y se dirigieron al lugar del siniestro.
¡Cual fue su sorpresa al ver que el vehículo se detuvo delante de su casa!
Sólo hacía un par de horas que se había ido y ahora…¡la vivienda estaba envuelta en llamas!
Traslademos esta ilustrativa historia a nuestra vida.
¿Cómo está tu casa?
Quizá eres muy activo/a en tu entorno social y laboral. Tal vez siempre estás dispuesto/a a colaborar con los demás, a apuntalar cuando es necesario, hasta es posible que arriesgues tu vida para ayudar a otros, como en el caso de Mario, pero…
¿Estás seguro/a que “tu casa”, es decir, tu vida eterna, tu salvación, no corre peligro?
¿Cómo está tu relación personal con Dios?
¿Es Jesucristo el Señor y Salvador de tu vida?
Escucha HOY el sonido de la sirena que anuncia: “huye de la ira venidera” (Lc.3:7)
Está muy bien apagar el fuego de los dardos que arroja el maligno, pero…¡¡¡cuidado!!! Lo que no debemos apagar es el fuego del Espíritu Santo y si no estamos atentos al combustible espiritual, el fuego se apaga.
Ponte a cuentas con Dios, acepta al Señor Jesús como Rey de tu vida, busca Su voluntad.
Sólo quien está en paz con Dios, puede ocuparse sinceramente del bien de los demás.


¡Señor! Te entrono en mi vida, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Reina en mi corazón, en mi hogar, en mi familia, en mi trabajo. Hoy con humildad me acerco a tu presencia en el Nombre de tu Hijo Jesucristo para pedirte perdón por mis faltas y solicitar tu ayuda para estar siempre en el lugar de tu voluntad. Amén, Amén y Amén.

martes, 2 de junio de 2015

OJOS DE AMOR

“Jehová de la sabiduría y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia” (Pr. 2:6)
Cuando nos entregamos verdaderamente, el Señor nos toma en Sus manos y el Espíritu santo comienza a moldear nuestro carácter. Ya no volveremos a ser los mismos, el FRUTO comenzará a crecer en nosotros.
La luz desplazará toda tiniebla que haya e inundará por completo cada una de las áreas de nuestra vida y cada milímetro de nuestro ser (cuerpo-mente-espíritu) Las marcas de Dios en nuestra vida, serán internas, pero se evidenciarán afuera. Cambiaremos hábitos, nuestros gustos sufrirán modificaciones, menguará nuestro YO, la necesidad de ser reconocidos, la compulsión por ser aceptados. Nuestra inclinación natural a que nos den la razón, cederá paso a buscar y mantener la paz en todas las relaciones.
Podremos escuchar más, hablar menos, podremos ponernos en el lugar del otro, no pre-juzgar. Seremos capaces de frenar los impulsos, los enojos, las críticas y los juicios. Comenzaremos a tener sana sabiduría, prudencia, tacto para manifestar nuestros sentimientos y emociones pero sin herir, sin lastimar. Podremos comenzar a mirar a los otros con ojos de amor, a través del perfecto amor de Cristo que me amó tanto, que te amó tanto, que fue capaz de entregar Su vida padeciendo todo tipo de dolores, oprobios y humillaciones, para llevar a cabo la obra de Salvación que el Padre le había encomendado, en obediencia.
Cuando el amor de Cristo inunde nuestros pensamientos, abarque nuestros sentimientos, emociones y domine nuestra voluntad, el rencor, el odio, los deseos de venganza, la falta de perdón, los recuerdos dolorosos del pasado, retrocederán para darle paso sólo al amor, a la paciencia, a la mansedumbre, a la bondad…La discreción nos guardará y la inteligencia nos preservará de andar en sendas torcidas y peligrosas.
¡Entrégate HOY, no lo dudes! Ya probaste tantas cosas, sin resultado…
¡El dolor vuelve, la opresión está allí, en el centro de tu pecho, con un peso que amenaza aplastarte! ¡Entrégate HOY y descansa en sus brazos de amor! ¡Deja tus cargas y corre hacia Jesús, liviano/a, ligero/a!
Dile sin demora…¡Estoy en Tus manos… trabaja conmigo, Señor!

Padre eterno, soy una vasija en tus manos y Tú el alfarero. Moldéame Señor, conforme al propósito que tienes para mi vida, a través de Tu Santo Espíritu, que me habita. Tú eres el único que conoce en qué área debo ser disciplinada y corregida. Ayúdame, Jesucristo, a ver a los demás con ojos de amor, como vos lo hiciste, lo haces y lo harás, quiero seguir tu modelo de obediencia y fidelidad.
¡Crece en mí! Amén, Amén y Amén.


jueves, 21 de mayo de 2015

CELEBRAR UN NUEVO DÍA

“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón sabiduría” (Sal. 90:12)

¿Por qué Dios nos habla de días y no de años?
Cada día es un tiempo nuevo, es mío y nadie me lo puede quitar.
Si bien es un eslabón de una cadena conectada con el día de ayer y el de mañana, cada día es único, singular, irrepetible…
Es un regalo de dios para mí, lo que yo haga con él, será un regalo mío hacia Él.
Debo recibir cada día con una actitud agradecida. Tal vez me he acostado cansada/o, pero al despertar tengo nuevas fuerzas, nuevas ganas, nuevo vigor y esto depende pura y exclusivamente de mí.
Cada día es una nueva oportunidad para terminar lo que quedó pendiente de ayer, o reparar lo que ayer hice mal.
Es por eso que debo abrir mis ojos, mi mente y mi corazón con expectativa, ya que “algo nuevo” tiene Dios para mí.
Inicio el día con esperanza y confianza, ya que los ojos del Señor están siempre sobre mí (Dt. 11:12)
Dando un vistazo hacia atrás, en mi vida, reconozco que hasta aquí llegué de la mano de Dios.
Si quiero continuar, sólo debo aferrarme a sus promesas y no soltarme porque su amor por mí, su fidelidad y su misericordia NO CAMBIAN.
Debemos vivir un día a la vez sin afanes ni preocupaciones, sin la carga innecesaria del pasado, ni el temor de lo por venir.
Como nos dice Jesús en la oración modelo, el Padrenuestro, “el pan de cada día”, que significa dependencia diaria de Él.
Él me proveerá de las fuerzas que necesito cada día.
Busquemos nuestras fuerzas en Dios, diariamente, en su voluntad para obtener sabiduría.
Recuerda…¡¡¡es tu tiempo de avanzar!!! ¡¡¡No estás sola/o!!!

Gracias Señor por este día, me alegraré y me gozaré en él. Puede ser EL MEJOR DÍA DE MI VIDA, tú siempre me sorprendes con novedades y me preparo para recibirlas, en el Nombre de Jesús, Amén, Amén y Amén.


martes, 28 de abril de 2015

VIVIR EL CIELO EN LA TIERRA


“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti” (Is. 60:1)
Dios nos incorporo a su plan y destino a sus hijos, no a los ángeles, sino a sus hijos, para reflejarlo. Fuimos creados a Su imagen y semejanza…
Has sido diseñada/o para que la gente cuando esté junto a vos, pueda entender en parte, como se vive en el cielo y como es vivir aquí, en la tierra, con el cielo adentro.
Y no estamos hablando de una vida anormal, sino de una vida totalmente común, pero pudiendo gozar de un “adelanto”, las “arras” del Espíritu Santo, un anticipo de lo que será gozar para siempre de la eternidad.
En otras palabras, debemos reflejar la vida de cielo en la tierra. Las limitaciones humanas no son un obstáculo para reflejar Su gloria.
Dios hace brillar su luz, y los habitantes del mundo lo verán reflejado en tí. Lo más parecido al Cielo en la tierra, somos nosotros, eres tú, soy yo...
Tenemos autoridad otorgada por Su gracia para ser reflejo de lo eterno, luz, en medio de las tinieblas.
Dios va a encender a sus representantes. Todo lo que esta activado en el Cielo, se verá por medio nuestro en la tierra.
Las llaves para que se abran los cielos en la tierra está en mano de los hijos de Dios, están en tus manos y en las mías.
La pregunta es ¿Se puede vivir en la tierra reflejando lo que sucede en el Cielo? La respuesta es: Sí.
Cada uno de los hijos de Dios, es la casa visible de un Dios invisible. Somos templo del Espíritu Santo, tenemos a Dios no sólo con nosotros, sino también en nosotros.
Si soy templo, quiere decir que en mí habita todo lo que en el cielo habita.
La aparición de Jesús en el mundo fue un escándalo. ¿Por qué? Porque Él vivía en la tierra como estaba acostumbrado en el Cielo.
Lo que para Jesús era normal, para la gente era una locura. Ahora, los resultados fueron multitudes de personas transformadas por el Poder del Reino. Los resultados fueron, multitudes de corazones viviendo como en el Cielo, pero en la tierra.

Padre amado, me comprometo a ser tu representante aquí en la tierra. Sé que no es fácil, porque las Leyes del Reino, no son entendidas, ni aceptadas por la mayoría de las personas, pero me has dado autoridad para poder mostrar Tu luz en un mundo de tinieblas. Es una gran responsabilidad, pero también un gran privilegio, te damos gracias en el Nombre de Jesús, Amén, Amén y Amén.



martes, 7 de abril de 2015

LA CRUZ


“Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” 
(Hch 2:21)

La cruz no es un símbolo ni un emblema, sino el recordatorio del más alto precio que “ALGUIEN” Jesucristo pagó por mí.




                                                        ¡Gracias por Jesús! Padre inmortal!
                                                         ¡Gracias por Jesús! Rey celestial!
                                                          Mi Señor y Dios, pensaste en mí
                                                            sabías cuánto necesitaba de Ti.

Y tu Hijo vino, vino a morir
Para darme vida… ¡Vino por mí!
Él es el camino para acceder
Al trono de tu gracia, de tu poder.

¡Gracias por Jesús! Tu nuevo pacto de amor
¡Gracias por Jesús! Que me salvó
Con su preciosa sangre me redimió
¡Viviré por siempre junto al Señor!

Ahora el Espíritu habita en mí
Y ya para siempre tu hija soy
Él me da el impulso para seguir
Es mi compañero y guía fiel.

¡Gracias por Jesús! Padre inmortal
¡Gracias por Jesús! Rey celestial.
Mi Señor y Dios, pensaste en mí
sabías cuánto necesitaba de Ti.

¡Gracias Padre! la obra de Jesús en la cruz demuestra tu perfecto amor por la humanidad caída.
Fijo mi mirada en esa cruz vacía para no olvidar NUNCA el voluntario sacrificio que Tu único Hijo hizo por mí. Amén, Amén y Amén.