"Tú diste alegría a mi corazón..." (Salmo 4:7)
Cumplo 65 y estoy feliz... Feliz por lo alcanzado... Me falta mucho por lograr en mi vida espiritual, pero no soy la misma y por la gracia de Dios y su misericordia, ya no volveré atrás.
No es que lo haya alcanzado (me apropio de las palabras de Pablo) pero prosigo hacia la meta, más liviana, sin el peso enorme del pasado, de las culpas, de los enojos, de la falta de perdón, de querer agradar a los demás, de ser "la perfecta" en los diferentes roles que asumo...
Fue muuuuuyyyy difícil aceptar mis fallas, mis yerros, mis limitaciones. Fue muy difícil (aún cuesta) aceptar mis cansancios, mis ganas de no estar con alguien, mis días nublados, mis días tristes.
Fue difícil aprender a amarme y a aceptar el amor y el perdón de Dios... Ese amor incondicional que me rodea... esos brazos que me acunan cuando me siento una niña y necesito Sus mimos.
Fue difícil acallar las voces de mi mente y expulsar aquellas que venían directas, como zaetas envenenadas, de parte del enemigo de mi alma.
Ahora... en mis 65 me paro y miro hacia atrás... levanto mi mano en señal de saludo y giro hacia adelante...
Hay un largo camino por recorrer... pero es luminoso, está allanado, el sendero es claro y sigo las huellas de quien ya transitó y las marcó para mí... mi amado Señor Jesús...
lunes, 22 de abril de 2019
miércoles, 10 de abril de 2019
DISCUSIONES EN LA PAREJA
![]() |
| “El necio al punto da a conocer su ira; mas el que no hace caso de la injuria es prudente" (Pr 12:16) |
|
Es normal tener conflictos,
porque estos son parte de la vida. Varias son las cuestiones que desembocan
en discusiones dentro de la pareja: los hijos, la economía, los celos, la
falta de diálogo, las relaciones con la familia de origen de ambos, el tiempo
dedicado a la familia y muchos más…
Hay quienes viven todo el
tiempo enojados con su pareja. Enojarse no está mal, es una reacción natural
ante una discrepancia o dificultad…
Lo que no debemos permitir, es que
esta emoción nos controle. Necesitamos aprender a manejarla y a expresarla de
manera correcta.
¡Cuidado! El enojo silencioso, no expresado, se suele transformar en “resentimiento” y puede derivar en enfermedades.
El enojo desbordado, que se expresa en
gritos y con amenazas, pretende controlar al otro.
A diario vemos hombres que
menosprecian a sus mujeres, a través de frases hirientes y mujeres que desvalorizan a sus
parejas y lastiman su masculinidad.
Muchas personas por falta de
dominio propio,
“estallan” y dan a conocer su ira. Pretenden mostrarse como fuertes, pero en realidad son personas débiles, porque pierden el control, no pueden ponerse límites a sí mismos. Ven al que opina diferente como una amenaza.
Otros, carecen de empatía, es
decir, no pueden ponerse en el lugar del otro, están centrados en ellos y no
les interesa escuchar las razones del otro.
Como vemos es variado el modo
en el que se puede manejar una discusión. Discutir no es malo, todo lo
contrario, lo que no conduce a ningún sitio es discutir con enojo.
Para que una discusión sea
fructífera es necesario tener en cuenta algunos aspectos necesarios para
lograr una buena comunicación y con ello una mejor relación.
1.- Aclarar las situaciones, sin
dar las cosas por sentado, sin imaginar lo que el otro piensa. Escuchar con
atención las respuestas. No afirmar como si la propia fuera una verdad
absoluta, sin tener en cuenta el punto de vista del otro.
2.- Es fundamental tener en
cuenta la importancia de valorarse a sí mismo, ya que, quien es consciente de
su valor, no maltratará a nadie, ni permitirá que nadie lo/la maltrate.
3.- Crecer es avanzar, es ir un
poco más allá y avanzar como persona y como
pareja. 4.- Cuidar el tono con el que se habla, buscar las mejores palabras para no herir y generar un buen clima. Discutir no es pelear, esto es muy importante que se tenga en claro.
5.- Tener en cuenta que solo nosotros
somos los dueños de nuestras emociones y tenemos el control remoto de nuestra
vida.
6.- Es importante invertir
tiempo, ganas, pasión y novedades en la pareja. Disfrutar de la persona con la que estamos
compartiendo nuestra vida, caminando a la par.
7.- Recordar que todo ser
humano es una creación divina valiosa, única e irrepetible y que el amor es
un motor poderoso capaz de lograr una buena comunicación.
|
martes, 12 de marzo de 2019
¿Qué es ser una mujer fuerte?
"Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación..." (Ex. 15:2)
Una mujer fuerte es aquella que reconoce su debilidad... que no intenta mostrar todo el tiempo que no tiene necesidad de nada ni de nadie... No es aquella que esconde sus emociones, que tapa su llanto, que no reconoce sus enojos, sus temores, sus angustias...
No es aquella que intenta mandar el mensaje erróneo de que puede soportarlo
todo, de que pase lo que pase superará todo...
Ser una mujer fuerte, no es estar construida de hierro, es tener un corazón sensible a la voz de Dios, de donde procede nuestra fortaleza...
El problema que se plantea cuando mandamos para afuera la "falsa imagen de mujer fuerte", es que los demás minimizan nuestras luchas, porque total... "seguro vamos a salir airosas"...
Cuando nos mostramos invulnerables y todopoderosas, los demás reciben el equivocado mensaje de que no necesitamos ser escuchadas, ni cuidadas, ni tenidas en cuenta...
Porque... nunca estamos cansadas, porque aunque estemos sufriendo o cayéndonos a pedazos, llenas de miedos y de ansiedad, nos mostraremos siempre de pie, prontas para correr si alguien nos necesita.
El costo de creernos "la super mujer" es demasiado caro, se paga con la salud física, mental, emocional y hasta espiritual.
Llega un día en que el cansancio, el peso de la ingratitud, el paso del tiempo, va haciendo mella y queramos o no... habrá que aprender a decir... no puedo, estoy cansada, me siento triste, necesito ayuda...
Entonces pueden comenzar los problemas porque... no están acostumbrados... Y ahí... la mujer super poderosa, termina convirtiéndose en una "vieja histérica"
¿Qué pasó?... ¿se rompió en hechizo?... Por supuesto que no... simplemente hemos reconocido (sanamente) que somos personas normales, comunes, con sus debilidades y fortalezas.
Si no lo entendemos y aceptamos a tiempo, corremos el riesgo de tener conflictos, no sólo en la salud, sino también en las relaciones.
Dios renueva nuestras fuerzas cuando ya cansados, nuestros pies no pueden avanzar...De Él proviene nuestro aliento, cuando la vida oprime sin piedad...
Acerquémonos confiadamente... Él nos está esperando... En sus brazos podremos descansar...
martes, 5 de marzo de 2019
¿EL SILENCIO ES SALUD?
“Mientras callé envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día”
En demasiadas oportunidades nos cuesta expresar lo que sentimos
o lo que deseamos. Tratamos de buscar las palabras más correctas y adecuadas
pero… ni aún así, logramos abrir nuestra boca… Cuando no podemos decir aquello
que nos está lastimando, que nos está molestando, nuestro cuerpo recibirá todas
estas emociones negativas y terminará enfermándose, esto es inevitable.
¿Por qué? porque el cuerpo expresará lo que la boca calla… No es
cierto que el silencio sea salud…
Los conflictos no expresados ante quien corresponde, se
transforman en malestares que no hablarán… ¡gritarán! … Aparecerán síntomas,
que de no ser atendidos, desembocarán en enfermedades: asma; várices; diabetes;
osteoporosis; artritis; dolores permanentes de cabeza, etc.
Y no entendemos por qué nos está ocurriendo esto… El cuerpo se fue
resintiendo por lo que hemos ido callando durante años: infidelidades, malos tratos,
desprecio, falta de respeto, olvidos, ausencia de amor….
Sin embargo, cada vez que existe la oportunidad de decir lo que
pensamos o sentimos, debemos hacerlo, de lo contrario estaremos entregando el
poder.
Podremos entonces encontrar alivio a dolores físicos, psíquicos,
emocionales y espirituales, cuando comencemos a ponerles palabras a tus
sentimientos.
Por supuesto, pidamos a Dios sabiduría para encontrar el tiempo
oportuno y las palabras correctas, pero NO HAGAMOS SILENCIO…
Erróneamente durante años, tal vez pensamos “mejor callo y así
todo continua en paz”
Pero esto es sólo una fantasía… cuando se acumulan temores, enojos, amargura, nuestra boca se abrirá en el peor momento, de la peor forma, usando las palabras incorrectas y lo que tratamos de sostener durante años, se derribará como un castillo de naipes.
Pero esto es sólo una fantasía… cuando se acumulan temores, enojos, amargura, nuestra boca se abrirá en el peor momento, de la peor forma, usando las palabras incorrectas y lo que tratamos de sostener durante años, se derribará como un castillo de naipes.
El tema no consiste en hacer silencio para mantener la paz, sino
en hablar con sabiduría, esa palabra sabia y precisa que Dios pone en nuestros
labios cuando se lo pedimos.
Entonces hablaremos no dubitativamente, sino con firmeza,
diciendo sí o no, en el momento que corresponda, tratando de, con dichos
suaves, atemperar el efecto de lo que tengamos que decir.
Siempre con el condimento de la gracia y el amor… y tal vez esa
situación que tanto nos angustia, se resuelva con mayor facilidad de lo que
alguna vez hemos imaginado…
¡No callemos!... ¡Pongamos en palabras nuestros pensamientos y
emociones!
lunes, 25 de febrero de 2019
Anteojos para mi alma
“… teniendo ojos no veis…”
(Marcos 8:18)
Lo que más me
afectaba era que no podía distinguir a cierta distancia el rostro de las
personas, ni lo que estaba escrito en el pizarrón, en la escuela.
Las cosas se me
volvían cada vez más borrosas, y todo a mi alrededor parecía confuso.
Bueno, para esto hay solución, dijo el
profesional, te recetaré unos lentes de acuerdo a tu problema, para que los
utilices permanentemente, y esto te ayudará a ver mejor.
Estaba, triste y
preocupada por lo que me ocurría porque por coquetería no quería usar anteojos
y menos en forma permanente.
Pasaron los años y
ya con más edad y madurez decidí aceptar esta condición y volví al oftalmólogo.
Al ir a la óptica a
buscar mis lentes nuevos, y al colocárselos miré sorprendida por la ventana de
aquel consultorio.
¡Qué maravilla!,
por fin podía ver que el follaje de los árboles está compuesto de hojitas y no
de algo “compacto” como yo lo veía.
Podía ver todas las
cosas como eran realmente, distinguir el
rostro de las personas, los bellos colores de las flores, leer a largas
distancias, pero lo que más me satisfizo fue la sensación de seguridad que me
produjo, ya que podía ver más claro mi horizonte, sin confusión como me ocurría
antes.
Esto es en cuanto a
nuestros ojos físicos, naturales, pero ¿qué ocurre cuando tenemos enfermos los
ojos del alma, tal vez con el mismo diagnostico de “miopía espiritual”
Esta enfermedad nos
ciega, y no nos permite ver más allá de nuestros problemas y dificultades.
¿A quién recurrir
entonces?
El mejor médico del
alma es Dios, que con su amor y su paciencia, nos da la bendición de su
espíritu y una nueva forma de ver las cosas.
Cuando veamos
nuestro horizonte opaco por las desesperanzas ocurridas, cuando haya personas que nos defrauden porque no pudimos
ver las señales a tiempo y distinguir sus verdaderas intenciones.
Cuando pareciera
que no vemos el peligro que hay a nuestro alrededor, cuando todo se torne
confuso, y no podamos distinguir un futuro con claridad y nuevas fuerzas…
Cuando perdamos el
rumbo de quién somos y cuánto valemos y por eso no podamos distinguir la luz
que tenemos dentro, por lo irritados que están nuestros ojos de llorar y de
sufrir por los fracasos…
¡¡¡ Entreguemos nuestra vida a Jesús!!! , el único
médico que puede darle “lentes a tu alma”...domingo, 20 de enero de 2019
ENSÉÑAME A AMAR
LE PIDO A MI
DIOS
QUE ME
ENSEÑE A AMAR.
LE PIDO A MI
DIOS,
PODER
PERDONAR.
QUIERO YO
SENITR
AMOR, PERO
BUENO,
ESE AMOR QUE
LLEGA
SÓLO DE SU
MANO.
AMOR SIN
CONTROLES
Y SIN
CONDICIONES
AMOR SIN
EXIGENCIAS
Y SIN
POSESIONES.
AMOR CON ENTREGA.
ESE, ES AMOR
BUENO.
AMOR SIN
MEDIDA
Y SIN
RETICENCIAS.
AMOR SIN
MENTIRAS
Y SIN
DEPENDENCIAS.
EL
AFERRAMIENTO,
NO ES AMOR
BUENO
TRAE
DESENGAÑOS
Y
DESASOSIEGOS.
TRAE MUCHA
ANGUSTIA,
TRAE
SUFRIMIENTO.
PREPÁRAME
PADRE
PARA AMARTE
SIEMPRE
BRINDÁNDOTE A
TI
EL SITIO
PRIMERO.
SÓLO ASÍ
SERÁS
TÚ MI
PRIORIDAD
SIN QUE
NADIE OCUPE
JAMÁS TU
LUGAR.
sábado, 8 de diciembre de 2018
PEZ FUERA DEL AGUA
“No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:16)
Me encanta comer pescado, pero lo que no me gusta es
ver cuándo los pescadores capturan a los peces sacándolos del agua.
Al caminar al atardecer por la costanera de mi ciudad,
me puse a observar a un grupo de pescadores haciendo su tarea.
Pude así ver como un pez con desesperación trataba de tomar el oxígeno que solo
podía obtener del agua del río, su ámbito natural, tratando de sobrevivir.
Esta situación me llevó a preguntarme:
¿Cuál es el ámbito natural de los hijos de Dios?
El elemento de los hijos y de las hijas de Dios es el Reino, “nuestra
ciudadanía está en los cielos” (Filipenses 3:20)
Nuestro ámbito natural es Cristo, porque los creyentes estamos en Él y
Él en nosotros por medio del Espíritu Santo.
Habrá ocasiones en que el diablo hará grandes esfuerzos por sacarnos de
nuestro elemento, del Reino, de la
Iglesia , de Cristo.
Como un avezado pescador,
lanzará su caña provista con carnadas seductoras… ¡No temas!
La fortaleza para resistir y permanecer fiel radica en el amor y el temor del Señor.
Salir del elemento al que pertenecen los hijos de Dios no significa
otra cosa que morir. Como el pez fuera del agua que mediante bocanadas inútiles
intenta respirar para seguir viviendo.
Del mismo modo los hijos del Reino, los del Evangelio de Jesucristo,
inútilmente buscarán en el mundo como sobrevivir sin la oxigenación de la Palabra , sin la común
unión con otros hermanos, sin la
Presencia del Señor, sin el ejército de ángeles acampando
alrededor nuestro para defendernos.
¿Por qué?
Por la razón más elemental, no pertenecemos a este mundo. Vivimos en
él, pero sólo estamos de paso, es un tránsito hacia nuestra verdadera morada,
junto a Jesucristo en el cielo.
Señor Poderoso, sé que estás
preparando mi morada eterna allí, en el cielo, junto al Padre y al Hijo. Tengo
el privilegio de ser un ciudadano/a del Reino y como tal sé que tendré que
recibir envestidas del enemigo de mi alma, no temo, sé que cuando viene la
tentación, Tú me darás la salida. En el Nombre de Jesús, Amén, Amén y Amén.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





